Alimentos como medicamentos

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El presente artículo fue publicado en el número 4 de la Revista Española de  Salud Pública 2012, Vol. 86; resulta muy ilustrativo leerlo:

“Alimentos como medicamentos: la delgada línea divisoria entre la industria farmacéutica y la industria alimentaria” Cristina González Díaz, del Departamento Comunicación y Psicología Social, Universidad de Alicante; Lorena Meléndez Illanes, estudiante de doctorado en Ciencias de la Salud y Carlos Álvarez-Dardet, del Grupo de Investigación en Salud Pública, Universidad de Alicante y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP)

“…Actualmente podemos encontrar leches fermentadas que dicen prevenir gripes y catarros, yogures con componentes que dicen ayudar a mejorar el tránsito intestinal, otros que recalcifican los huesos previniendo la osteoporosis, lácteos que controlan la tensión arterial o el colesterol, batidos cuyos nutrientes aportan la cantidad de fruta y verdura recomendada diariamente por los facultativos, leches enriquecidas no sólo con calcio sino también con isoflavonas de soja que dicen proporcionar el aporte necesario de grasas vegetales que nuestro organismo necesita, etc. La lista es interminable y sigue en aumento, como también el fraude potencial por publicidad engañosa. La apelación a la salud en la publicidad de los alimentos no está exenta de efectos secundarios, no se trata solo de un dilema de ética pública, sobre si hay fraude o no, sino que pueden lesionarse los intereses de la salud de la población, por el efecto ‘etiqueta’ de sentirse en tratamiento y también por llevar a no cumplimentar adecuadamente los tratamientos farmacológicos, por pensar que sus efectos pueden ser sustituidos por los de los alimentos.

Todos estos productos, que comenzaron posicionándose en el mercado a través de la publicidad bajo el denominador común de alimentos beneficiosos para la salud, han traspasado la peligrosa barrera de productos meramente saludables para convertirse en alimentos preventivos, simulando, en muchos casos, las características que se adscribían de forma exclusiva a los medicamentos. Porque si un alimento es capaz de reducir la presión arterial, el colesterol, prevenir enfermedades de recalcificación de huesos, catarros o gripes ¿estamos ante un alimento o ante un fármaco?…”

El artículo completo puede leerse en:

http://www.msssi.gob.es/biblioPublic/publicaciones/recursos_propios/resp/revista_cdrom/vol86/vol86_4/RS864C_313.pdf

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