Escribir los recuerdos

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Queridos amigos de Baular:

Traemos hoy a nuestro blog algo que puede resultar útil a quienes deseen ponerse a la tarea de escribir utilizado como materia prima sus propios recuerdos. Se trata de unos brevísimos consejos de profesor de Análisis del Discurso en lengua catalana en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Daniel Cassany.

Cassany (http://www.upf.edu/pdi/daniel_cassany/) lleva tiempo investigando en el ámbito de la comunicación escrita y ha publicado varios libros sobre estas cuestiones, como Describir el escribir , Reparar la escritura , La cocina de la escritura, Construir la escritura, Tras las líneas, Taller de textos, Afilar la herramienta y Enseñar lengua.

Ojalá que os sirva pero si necesitáis más, ya sabéis, Baular está siempre a vuestra disposición:

http://www.upf.edu/pdi/daniel_cassany/_pdf/b06/Gama06.pdf

BAULAR

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Mail: info@baular.com Tel: 91 8534433/ 609068387/ 69037586

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Desigualdades sociales en la salud de las personas mayores

imagesCA80YKO5 El siguiente artículo fue publicado hace ya algún tiempo por las profesoras Mª Luisa Mateu Gil, Mª Luisa Panisello Chavarria, Mª
Amaia Lasaga Heriz, Encarna Bonfill Accensi, de la Escuela Universitaria de
Enfermería. Universidad Rovira i Virgili, Campus Terres de l’Ebre Profesoras, en la revista Gerokomos. Los datos están algo desactualizados (por desgracia la brecha de la desigualdad se ha abierto aún más) pero aún así merece la pena su lectura:

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el término desigualdad se refiere a las diferencias en materia de salud que son innecesarias, evitables e injustas.

Asimismo, el concepto de desigualdad hace referencia a las diferentes oportunidades y recursos relacionados con la salud que tienen las personas en función de su clase social, género, territorio o etnia.

El estudio de las desigualdades sociales en salud pone de manifiesto la relación entre los factores sociales y la salud: en las personas de clase social más privilegiada se percibe mejor salud y menor mortalidad que en las personas de clases sociales más desfavorecidas.

Desde el punto de vista de la estructura social, el concepto de desigualdad social nos remite a las diferentes maneras que tienen las personas de acceder a los recursos; y su estudio es fundamental por tres motivos:

• Porque el acceso a los recursos está relacionado con las condiciones de vida de la gente (salud, hábitat, alimentación…); disponer o no de recursos puede condicionar la integración en la sociedad.

• El análisis de la desigualdad es importante por la relación que hay entre los recursos y el poder. Tener un cierto grado de poder es fundamental para defender los propios intereses.

• Porque, desde un acceso desigual a los recursos y al poder, se pueden generar dinámicas de identificación colectiva que tengan su base en condiciones de vida similares. Por tanto, la desigualdad está en la base de la red de relaciones sociales que constituyen la estructura social.

El origen de la desigualdad hay que buscarlo en los procesos sociales y no en las causas naturales o sobrenaturales. Si se estudian los mecanismos de funcionamiento de nuestra sociedad, se pueden descubrir los procesos sociales que generan la desigualdad social.

Hay numerosos trabajos realizados que tratan sobre este tema: el informe Black Report, con su publicación en Gran Bretaña a principios de los años 80, supuso un hecho de primera magnitud y un punto de inflexión en la historia moderna del estudio de las desigualdades en salud.

El estudio pone de manifiesto, entre otras cuestiones, que hay claras diferencias en las tasas de mortalidad de las clases sociales, para ambos sexos y todas las edades.

Existen desigualdades en el uso de los servicios sanitarios, en particular, y de forma preocupante en los servicios preventivos.

Nos dice “desde nuestro punto de vista, la mayor parte de las desigualdades sociales en salud pueden explicarse adecuadamente a partir de las características específicas del medio socioeconómico”.

Los estudios realizados por Borrell et al. en la ciudad de Barcelona han puesto de manifiesto las desigualdades sociales en la salud que hay en esta ciudad.

A principios de los años 80, Durán, a partir de una encuesta realizada en el ámbito estatal puso en evidencia gran cantidad de desigualdades sobre diversos aspectos relacionados con la salud: el conocimiento, las actitudes y los hábitos relacionados con la salud, el acceso a la alimentación, el hábitat, el trabajo o la educación, la cobertura sanitaria y la eficacia en la utilización del sistema sanitario, la atención no institucional de la salud o el nivel de salud percibida.

Una investigación realizada por CIRES en 1990, supuso un gradiente en la percepción del estado de salud según tres indicadores socioeconómicos: la renta mensual familiar, el nivel educativo y la clase social subjetiva.

En las conclusiones del estudio de desigualdades sociales en salud en España, realizado por Vicente Navarro, Joan Benach et al., publicado en 1996, se subraya que en relación con el estado de salud percibido, se observa como el porcentaje de hombres y mujeres con salud deficiente aumenta en la medida que disminuye la clase social de los individuos, en concreto, la desigualdad aumenta con la edad.

En las conclusiones y recomendaciones realizadas por la comisión del estudio podemos afirmar que la mayor parte de las investigaciones sobre desigualdades sociales en salud coinciden en resaltar que son las causas socioeconómicas y políticas de carácter estructural las que mejor explican las desigualdades existentes.

Es evidente que los recursos sanitarios son limitados, pero cuestionar, por razones de edad los beneficiarios de un tratamiento, puede ser objeto de discriminación. En las decisiones sanitarias ha de prevalecer siempre el criterio del máximo beneficio para la persona, sea cual sea su edad.

El objetivo del trabajo es demostrar que las desigualdades sociales en salud no sólo persisten sino que se incrementan con la vejez.

Para ello, analizaremos a continuación sobre la pobreza en las personas mayores y su repercusión sobre la salud, la feminización de la vejez, la soledad y las discapacidades.

Pobreza

Cada día hay más conciencia social sobre esta problemática, si hace dos décadas eran pocos los que querían hablar de esta situación, hoy nos encontramos ante un renovado interés por el tema de la pobreza y la exclusión social de las personas mayores y su salud.

Al lado de un progreso económico de buena parte de la sociedad, observamos una pobreza no siempre ligada al hecho de pasar hambre, sino a la dinámica económica, y social de las sociedades más ricas.

Los elementos que pueden ayudar a entender esta problemática social y su repercusión, a lo largo de los años, en las personas mayores y su salud en todos los ámbitos son: un mercado de trabajo en el cual persiste el paro, la precariedad de la ocupación y los bajos salarios, los cambios en las formas tradicionales de la familia, los precios de la vivienda y las nuevas formas de inmigración. Hay que tenerlo presente para poder entender esta problemática sin obviar el papel que hacen o deberían hacer las políticas públicas para resolver este tema.

También podemos subrayar el papel de las políticas públicas para solucionar el problema. Si los años ochenta se caracterizaron por un incremento del gasto social, debido a las reformas en el sistema de pensiones y a la universalización de la sanidad durante los años noventa hubo un descenso importante de la acción pública en el ámbito social, que afectó a un colectivo determinado, personas mayores de 65 años, con una acumulación de carencias que incidieron directamente en su calidad de vida.

Diferentes estudios demuestran que el grupo de edad con mayor riesgo de pobreza es el de las personas mayores, según el Estudio de desigualdades sociales en salud a Cataluña 2002, de la Fundación Jaume Bofill, el grupo de edad de 65 años o más presenta un porcentaje de pobreza del 33%.

Las personas de edad avanzada y pobres son más sensibles a estados de salud precarios. Sus condiciones de vida son menos saludables y disponen de menos recursos económicos para cubrir sus necesidades básicas (contaminación ambiental, dieta equilibrada, compra de medicamentos…): se puede afirmar que las clases sociales más desfavorecidas viven en hogares de menor calidad y peores características y servicios.

El estado de salud, los pocos recursos económicos y el envejecimiento son tres elementos que se retroalimentan y son un impedimento para poder salir de la situación de pobreza.

La escasez de recursos económicos limita muchas veces las posibilidades que tienen para afrontar y superar sus limitaciones.

El déficit de recursos económicos unido a pocos recursos sociales conduce a situaciones de aislamiento y soledad que se traduce en una demanda de protección y ayuda para superar situaciones que van más allá de un proceso patológico concreto.

Feminización

Una de las realidades demográficas más claras sobre la población mayor en el estado español y en el resto del mundo, especialmente en los países desarrollados, es que las mujeres son mayoritarias. Las mujeres viven más tiempo que los hombres prácticamente en todo el mundo. La esperanza de vida es de 78 años para los hombres y 83 años para las mujeres.

Las mujeres tienen, respecto a los hombres más posibilidades de llegar a la vejez, período en el cual las discapacidades y los problemas de salud son más frecuentes. En los países más desarrollados las mujeres mayores de 80 años son más del doble que los hombres.

A causa de la esperanza de vida más alta de las mujeres el número de viudas supera de manera espectacular al de viudos en todos los países.

Las mujeres, por tanto tienen que afrontar en mayor proporción que los hombres, el trauma de la viudedad y pocos recursos económicos, situación que en ocasiones se prolonga durante décadas. Esto comporta un estado de soledad que unido a una salud precaria degrada su calidad de vida.

Soledad

Los porcentajes de personas mayores que viven solas era del 12,6% en 1998 llegando al 15% en el 2002. Por lo tanto, podemos afirmar que 1.050.000 personas mayores de 65 años viven solas en España. Por sexos, el 75% son mujeres y solamente el 25% son hombres. La mitad supera los 75 años y el 25% tiene más de 80 años.

Para comprender lo que representa la soledad para las personas mayores, hay que distinguir entre soledad de tipo objetivo y de tipo subjetivo. La primera se refiere a la falta de compañía permanente o temporal. La soledad objetiva no siempre implica una vivencia desagradable, sino que puede resultar una experiencia buscada y enriquecedora. Un 59% afirma que se han visto obligado a vivir solas, pero a pesar de todo han sido capaces de adaptarse. Un 36% prefiere vivir solo y a un 5% le gustaría estar con sus hijos o bien otros familiares. La soledad esta más valorada cuando tiene un carácter temporal.

La soledad subjetiva la sufren las personas que se sienten solas. Se trata de un sentimiento doloroso y temido que afecta a un 22% de las personas mayores. No es, por tanto, una situación buscada, sino impuesta por la situación personal de quien la padece. El sentimiento de soledad se incrementa con la edad. El 27% de las personas de 65 a 69 años afirma sentirse solo; este porcentaje aumenta al 36% entre los mayores de 80 años.

El género y el estado civil influyen en los sentimientos de soledad, las mujeres se sienten más solas que los hombres (39% mujeres y 21% hombres). Las personas separadas, viudas y solteras son más susceptibles, propensas a sentirse solas que las casadas. De las personas que viven solas, un 38% padece esta situación con gran abatimiento, mientras que las personas que viven con otros, este porcentaje es de un 8%.

Discapacidad

Respecto a las discapacidades, según la encuesta de Salut de Catalunya 2002, afectan especialmente a los mayores de 64 años.

Los hombres de más de 74 años, tienen problemas de movilidad un 14,3%; un 22,5%, problemas para andar y un 25,9%, limitaciones de movimiento. En las mujeres los porcentajes son más elevados: el 25,6% tiene problemas de movilidad; el 31,9%, problemas para caminar y el 40,2%, limitaciones de movimiento.

De las personas que declaran tener dificultades graves para hacer las actividades de la vida diaria, el 76% recibe ayuda principalmente de familiares.

Las personas con más recursos económicos disponen de personas contratadas particularmente para atender estas discapacidades, mientras que las clases más desfavorecidas no pueden abordar esta solución.

Por otra parte, hay un 5,7% que no recibe ayuda de nadie, principalmente mujeres.

En lo que respecta a la atención primaria, el 67,1% de toda la población encuestada declara haber estado visitada por un profesional y el 90,2%, entre los mayores de 74 años (9).

En la síntesis de los principales resultados aparece la edad como la variable más relevante en relación a los hábitos y estilos de vida, en el estado de salud, la utilización de servicios y la satisfacción que manifiestan los usuarios:

• En general los comportamientos poco saludables son menos prevalentes en las edades más avanzadas.

• El estado de salud y la calidad de vida son peores en las poblaciones de más edad.

• Las personas de más edad tienen un índice superior en la utilización de servicios sanitarios.

Se ha revisado el articulo “Socioeconomic inequalities in morbidity among the alderly: a European overview” -estudio realizado por la Universidad Erasmus de Rotterdam (2003), en Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Grecia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Portugal y España-, en el cual se evidencian desigualdades socioeconómicas en las personas mayores que no deben ser ignoradas: desigualdades en la salud que están condicionadas por sus características socioeconómicas previas.

En la vejez se produce el efecto sumatorio de toda una vida anterior de diferentes exposiciones a factores de riesgo.

Un deterioro del estatus socioeconómico después de los 55 años se asocia con un aumento de las enfermedades que puede presentarse hasta 20 años más tarde”

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Los derechos y la memoria colectiva

imagesCANWBBLH

¿Conocen ustedes el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile?

Es un espacio destinado a dar visibilidad a las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado de Chile entre 1973 y 1990; a dignificar a las víctimas y a sus familias; y a estimular la reflexión y el debate sobre la importancia del respeto y la tolerancia, para que estos hechos nunca más se repitan.

Es un proyecto Bicentenario, inaugurado en enero del 2010 por la entonces Presidenta Michelle Bachelet. Con su creación se busca impulsar iniciativas educativas, que inviten al conocimiento y la reflexión. Su instalación, en la calle Matucana, busca además potenciar el circuito cultural Santiago Poniente.

A través de objetos, documentos y archivos en diferentes soportes y formatos, y una innovadora propuesta visual y sonora, es posible conocer parte de esta historia: el golpe de Estado, la represión de los años posteriores, la resistencia, el exilio, la solidaridad internacional, las políticas de reparación.

El patrimonio de sus archivos contempla testimonios orales y escritos, documentos jurídicos, cartas, relatos, producción literaria, material de prensa escrita, audiovisual y radial, largometrajes, material histórico y fotografías documentales:

Más información en: http://www.museodelamemoria.cl/el-museo/BAULAR

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Nietos y abuelos, diferentes formas de ver el mundo

imagesCATGGHWP “La OPS (Organización Panamericana de la Salud) define tres etapas dentro de la adolescencia:  Temprana: de 12 a 14 años (pubertad)  Media: de 14 a 16 años y  Tardía: 17 a 20 años. Luego habla de: Juventud: 20 a 25 años; Adultez: de 20 a 60  y Vejez: de 60 en adelante. No obstante,  si bien las edades están delimitadas, no debemos olvidar que están fuertemente relacionadas en un proceso de desarrollo bio-psico-social y que cada persona transita las mismas de forma absolutamente personal, que tiene que ver con su historia anterior, con la estructura de la familia como grupo, con la personalidad de sus miembros, y con las oportunidades, entre otros aspectos”

Interesantísimo artículo publicado por la geriatra Nancy García en la primavera del año pasado. Está en la revista Opción Médica y su lectura es muy recomendable: http://www.opcionmedica.com.uy/articulos/relaciones-intergeneracionales

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